Escrito por JoseR
El escenario será el mismo, pero la escena será muy diferente la próxima vez que la serie principal de NASCAR llegue al Richmond International Raceway luego del evento de este fin de semana.
Esa fecha de comienzos de septiembre acarreará consigo los últimos y húmedos vestigios que son usuales en una larga temporada de verano en el sur, provocando que todos le agradezcan a quienquiera que aparezca con la idea de correr bajo las luces. Y la atención estará menos en la carrera en sí misma y más en el drama que la rodea, ya que los pilotos de la Copa Sprint estarán en el último evento antes del playoff de 10 carreras que determinará al campeón.
Estará la usual ráfaga de escenarios apasionados, aunque menos complicados debido al simplificado sistema de puntos de NASCAR. Y luego estará la gran incertidumbre, cortesía de la regla implementada este año que le otorga las últimas dos plazas para la Caza a los pilotos con más victorias en carreras, por lo que todos podríamos presenciar la muy real posibilidad de que uno o dos corredores lleguen a la capital de Virginia con la necesidad de ganar para poder entrar.
Y eso es exactamente lo que NASCAR -- y seamos honestos, también todos los demás?espera que suceda, que algún piloto realice una dramática búsqueda de la victoria para encender una velada que ya puede ser electrizante por sí misma. Para el final de la temporada regular en Richmond, el wild card es una razón más para comprar una entrada o sintonizar la carrera en casa. Durante las primeras 26 competencias, el wild card profundiza la piscina de pilotos capaces de ganarse un puesto en la Caza, y les da a los fans de esos competidores una motivación extra para mantenerse completamente involucrados en la categoría.
El año pasado, a estas alturas, luego del octavo evento de la temporada, ya había una escueta separación entre los potenciales contendientes a la Caza y los demás, grupos que comenzaban a divergir aproximadamente en el puesto 17 de las posiciones. Por como están las cosas hoy, probablemente haya 25 pilotos que honestamente creen que tienen lo que se necesita para obtener dos victorias, lo cual representa el criterio asumido para la clasificación con el wild card. David Reutimann y Brian Vickers están en la 26º y 28º colocación, respectivamente, pero ambos han ganado carreras antes y ciertamente pueden volver a hacerlo. Muchachos como Denny Hamlin (17º), Kasey Kahne (18º), Jeff Burton (22º) y Jamie McMurray (23º), quienes han tenido complicados arranques, seguramente se aferran al concepto del wild card como si fuera un bote salvavidas. Incluso alguien como Regan Smith, quien se ubica 30º pero ha corrido bien en casi todos los eventos de este año, probablemente mantenga una esperanza.
En estos momentos, casi todos están en eso, aunque muchos de esos pilotos están batallando por dos lugares en lugar de hacerlo por 12. Incluso así, eso es suficiente para mantener interesada a la gente, es suficiente para darles a los fans de algunos pilotos populares pero de suerte esquiva algunas razones para ser optimistas, y es suficiente para agregar otro foco de incertidumbre en un proceso que siempre es mucho más disfrutable -- y, para ser justos, mucho más estresante para aquellos competidores directamente involucrados -- cuando hay un mundo de gente sobre la línea final el 10 de septiembre en Richmond.
Sin embargo, como con todas esas cosas, siempre hay un precio que pagar, y allí está el tema: lo que es bueno en las primeras 27 carreras no necesariamente es bueno para la Caza. A pesar de lo divertido e impredecible que es el wild card, a pesar de que mantiene a más pilotos y fans en la lucha hasta el final, también crea la distante posibilidad de permitirle el ingreso a la lucha del título por la Copa Sprint a un equipo que no es precisamente capaz de pelear por el campeonato. Ganar una carrera, lograr magia en un determinado sábado a la noche o domingo a la tarde, es la esencia de lo que es NASCAR. Es la razón por la que los competidores entran aquí en primer lugar. Y en el nivel más alto de NASCAR, no hay dudas de que es difícil. Pero es más difícil lograr el nivel sostenido de excelencia en las 10 semanas que se requieren para ganar un título. Muchos pilotos han ganado carreras durante las pasadas cinco temporadas. Solamente uno ha estado al tope de la tabla al final de cada año.
En resumen: poder ganar carreras y luchar por un campeonato son dos cosas totalmente diferentes, y el hecho de que un piloto pueda hacer una de ellas, no significa que automáticamente pueda hacer la otra. Ese es el motivo por el que podría haber un dolor de cabeza en la mañana siguiente a la carrera de septiembre en Richmond, provocado por la debilitación de la Caza por la presencia de los wild cards. En otros deportes, los equipos con wild card fueron agregados por encima de aquellos de entraron de otra forma. En este caso, los wild cards están reemplazando a los equipos que se han ganado un lugar a través de su posición en los puntos. Y existe la posibilidad de que el equipo que quede afuera sea un contendiente al título mucho más sólido que alguno que llegó a la Caza.
Fíjense en la temporada anterior. McMurray es exactamente la clase de piloto por el que se creó el wild card -- él ganó tres veces (dos antes de la Caza), pero quedó 14º en los puntos luego de que se determinara el pelotón de 12 pilotos que lucharía por el campeonato en Richmond en septiembre pasado. Bajo el formato de esta temporada, esas victorias le hubiesen otorgado un wild card, y hubiera relegado a Clint Bowyer a quedar en las afuera de la lucha por el campeonato en los últimos 10 eventos.
Y aún así, además del eventual campeón Jimmie Johnson, pocos pilotos estuvieron tan sólidos en el curso de la Caza 2010 como Bowyer, quien ganó dos carreras y hubiese sido candidato hasta las últimas semanas si no fuera por la penalización de 150 puntos que recibió su equipo por violaciones técnicas después de su victoria en la apertura del playoff en New Hampshire. McMurray, a pesar de sus triunfos de alto vuelo y bien merecidos, nunca pudo realizar carreras consistentemente sólidas durante más de algunas semanas por vez. Sí, la forma en la que los pilotos y equipos enfrentan esas últimas carreras puede cambiar dependiendo del objetivo por el que compiten, pero si miramos los números de 2010, es difícil pensar que el auto Nº 1 hubiese levantado tanto como lo hizo el Nº 33 en los 10 eventos finales.
Claramente, una temporada no marca una tendencia. Pero una situación similar se hubiera dado en 2009, donde Kyle Busch, quien ganó cuatro carreras, hubiera eliminado a Greg Biffle, quien no había ganado en ese año. Y aún así, en casi todas las demás estadísticas clave -- top 5, top 10, promedio de llegada -- Biffle fue superior. Y esos cuatro triunfos de Busch no son indicativo de lo mal que estuvo en la segunda parte de la temporada el equipo Nº 18, el cual tuvo una caída tan precipitosa que le costó el trabajo al ex jefe de equipo Steve Addington. No hay dudas, Busch es una amenaza para ganar siempre que se ubique detrás de un volante, y quién sabe qué pasará si tiene un título por el cual luchar. Pero para el final de la temporada 2009, ese equipo estaba lejos de ser contendiente al campeonato, un hecho que fue evidente en sus resultados.
¿Entonces qué pasa este año? Tony Stewart y Mark Martin son dos pilotos que han corrido bien en gran parte del año, y aún así no tienen triunfos que lo demuestren, y están fuera de la zona de salvación del top 10. No hay dudas, queda mucho por recorrer hasta que el circuito llegue a Richmond en septiembre, pero no es ridículo pensar que un piloto al que sólo le falte una cruz en la categoría victorias pueda ser desplazado por alguien que esté mucho más abajo en las posiciones y que haya sumado más triunfos. Ey, todo esto promete que la segunda carrera en Richmond será más loca e impredecible que nunca. Sólo prepárense para la mañana siguiente, cuando comiencen los negocios serios de la lucha por el campeonato, y para que ese potencial dolor de cabeza empiece a latir con fuerza.
Las opiniones expresadas son exclusivas del autor.
Fuente: Nascar

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